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Remarximo

Desde luego, no soy marxista.

  • – Karl Marx

Es tan fácil describir las categorías capitalistas básicas como difícil someterlas a una crítica fundamental. El concepto abstracto de trabajo, el valor económico, la representación social de los productos como mercancías, la forma general del dinero, la intervención a través de mercados, la reunión de esos mercados en economías nacionales con monedas, los mercados de trabajo como requisito para una vasta economía de mercancías, monedas y mercado, el Estado en cuanto Estado abstracto, la forma del derecho abstracto general (codificación jurídica) de todas las relaciones sociales y como forma de subjetividad social, la forma estatal pura y totalmente desarrollada de la democracia, el disfraz irracional y culturalmente simbólico de la coherencia nacional-económico-estatal -todas estas categorías elementales de socialización capitalista moderna, por una parte desarrolladas a través de procesos históricos ciegos, fueron, por otra, impuestas por los respectivos protagonistas y detentadores del poder en un proceso de interiorización hegemónica a lo largo de siglos, resultando de ahí el hecho de que esas categorías hayan aparecido como constantes antropológicas prácticamente incuestionables.

El subtítulo de El capital de Marx, Crítica de la economía política, admite dos interpretaciones: la crítica a las relaciones objetivas y reales, existentes antes de o independientes de cualquier teoría y consideradas en sus formas de referencia socioeconómicas elementales; y la crítica a las formas de pensamiento y conciencia a ella ligadas y de ella resultantes, originadas tanto en el sentido común como en la ideología y la ciencia. Marx puede ser leído como el teórico-jefe de la modernización del movimiento obrero: lucha de clases, interés económico, punto de vista del obrero, materialismo histórico, etc. Fue el primero en expresar en palabras el a priori tácito del sistema de producción de mercancías. Aparte de que todas las ciencias sociales desarrolladas funcionan de policías auxiliares de las ciencias económicas, y no tienen las categorías de trabajo, valor, mercancía, dinero y mercado como objeto sino como prerrequisito tácito de su razonamiento científico. La forma de sujeto de cambio de mercancías, la transformación de fuerza de trabajo en dinero y del capital-dinero en plusvalía o lucro no es indagada acerca de su qué o su por qué, sino tan sólo acerca de su cómo funcional, semejante al modo en que los científicos naturales sólo analizan el cómo de los principios naturales. Las categorías han de tornarse explícitas y sólo así criticables.

Moishe Postone reconceptualiza la naturaleza de la teoría crítica de Marx respondiendo a la transformación histórica del capitalismo y a las debilidades del marxismo tradicional. Reconsidera las categorías fundamentales de la economía política como el valor, el trabajo abstracto, la mercancía y el capital, que -dijo Marx- expresan formas del ser, determinaciones de la existencia de esta sociedad determinada. Es decir, son categorías de una etnografía crítica de la sociedad capitalista emprendida desde dentro; expresan las formas básicas de la objetividad y subjetividad social que estructuran las dimensiones sociales, económicas, históricas y culturales de la vida en esa sociedad; se encuentran constituidas por determinadas clases de prácticas sociales; y, como formas esenciales subyacentes a las diversas formas de aparición, no se conciben como categorías transhistóricamente válidas sino que intentan abordar formas sociales históricamente específicas; mas, parecen ontológicas…

TRABAJO

La reconsideración de la trascendencia del concepto de trabajo de Marx proporciona la base de la reinterpretación de Postone del análisis capitalista, centrado en la temporalidad y en la crítica a la producción. Cimienta el análisis de la sociedad capitalista moderna como una sociedad con una dinámica direccional, estructurada por el trabajo capitalista que, aun socialmente constituido, presenta un carácter abstracto, impersonal y cuasiobjetivo, y por una práctica social históricamente determinada, al tiempo que estructura las acciones, visiones del mundo y disposiciones de la gente. Cultura y vida material se replantea como una relación entre una clase históricamente específica de mediación (trabajo) y determinadas clases de objetividad y subjetividad.

En el análisis de Marx, las relaciones sociales y los modos de dominación que caracterizan al capitalismo no pueden ser suficientemente entendidos en términos de relaciones de clase, enraizadas en las relaciones de propiedad y mediadas por el mercado. Su análisis de la mercancía y el capital, formas cuasi-objetivas de mediación social constituidas por el trabajo en el capitalismo, debería ser comprendido como un análisis de las relaciones sociales fundamentales de esta sociedad. Aunque sí incluye una crítica de la explotación, la desigualdad social y la dominación de clase, va más allá: busca esclarecer el tejido mismo de las relaciones sociales en la sociedad moderna y el modo abstracto de dominación social intrínseco a ellas mediante una teoría que basa su constitución social en prácticas definidas y estructuradas.

El marxismo tradicional hace referencia a todos las teorías que analizan el capitalismo desde el punto de vista del trabajo y caracterizan a la sociedad en términos de relaciones de clase, estructuradas por la propiedad privada de los medios de producción y por una economía regulada por el mercado. Las relaciones de dominación son entendidas principalmente en términos de dominación de clase y explotación. Marx sostenía que durante el desarrollo capitalista surge una tensión o contradicción estructural entre las relaciones sociales que caracterizan al capitalismo y las fuerzas productivas. Se trata de una oposición entre la propiedad privada y el mercado capitalista o/y el modo industrial de producción socialista con propiedad colectiva de los medios de producción y planificación económica en un contexto industrializado. Es decir, la negación histórica del capitalismo es vista en lo esencial como una sociedad en la que la dominación y la explotación de una clase por otra quedan superadas. Marx entiende el trabajo como una actividad social para crear productos que satisfagan las necesidades; constituye el mundo social y su fuente de riqueza; y sirve de base a un modo de distribución no consciente o automático mediado por el mercado. Su teoría del plusvalor busca demostrar que el excedente en el capitalismo es creado únicamente por el trabajo, apropiándose la clase capitalista de él. Marx critica la explotación desde el punto de vista del trabajo: desmitifica la sociedad capitalista al descubrir que el trabajo es la verdadera fuente de la riqueza social y al demostrar que esa sociedad se apoya sobre un sistema de explotación. Si las fuerzas productivas en contradicción con las relaciones capitalistas de producción son idénticas con el modo de producción industrial, el modo es implícitamente comprendido como un proceso puramente técnico, intrínsecamente independiente del capitalismo, que es tratado como un conjunto de factores extrínsecos que traban el desarrollo del proceso de producción: la propiedad privada y las condiciones exógenas de la valorización del capital en una economía del mercado. La dominación social en el capitalismo es comprendida como una dominación de clase externa al proceso de producción; implicando que la producción industrial es independiente del capitalismo y no está intrínsecamente relacionado con él. La transición del capitalismo al socialismo es una transformación del modo de distribución (propiedad privada, mercado) pero no del de producción. Contrariamente, el desarrollo de la producción industrial a gran escala es tratado como la mediación histórica que vincula el modo capitalista de distribución con otro socialista, a pesar de que el modo de producción industrial basado en el trabajo se considera definitivo. El análisis del capitalismo es una crítica al trabajo en el capitalismo. Marx intenta mostrar que el trabajo en el capitalismo desempeña un papel mediador de las relaciones sociales, pretendiendo esclarecer las consecuencias de esta clase de mediación -porque la producción en el capitalismo se encuentra inextricablemente relacionado a, y modelado por, las relaciones sociales básicas; que no pueden ser comprendidas únicamente en referencia al mercado y a la propiedad privada. Es la base para una crítica de la forma de la producción y la forma de la riqueza o valor que caracterizan al capitalismo en términos de un modo social abstracto de dominación asociado a la naturaleza del trabajo, y localiza el fundamento esencial del crecimiento desenfrenado y del carácter fragmentado del trabajo y de la existencia social en individuos. No se trata de categorías puramente económicas, como han sido entendidas: la teoría del valor trabajo para explicar los precios relativos y la producción de la ganancia en equilibrio; la condición de posibilidad del intercambio de valores y de la ganancia; y la asignación racional de bienes en una economía planificada. Sin embargo, la amplitud y la naturaleza sistemática de la teoría crítica de Marx sólo puede ser plenamente aprehendida mediante un análisis de sus categorías o determinaciones del ser social en el capitalismo, porque hay que reconocer la distinción entre riqueza real o material y valor. La teoría del valor trabajo es un análisis del valor como forma de la riqueza, y del trabajo que supuestamente la constituye.

Trabajo concreto

En la sociedad determina por la mercancía, el trabajo aparece como útil concreto y abstracto que crea valor. El trabajo abstracto es la sustancia social, común en todas las formas de actividad productiva. Comparten el gasto de energía fisiológica. Sin embargo, la objetividad de los valores es puramente social. La cuestión es cómo la interacción con la naturaleza constituye a la sociedad. Porque no es el trabajo el que constituye la sociedad per se sino que es el trabajo en el capitalismo el que sí constituye esta sociedad.

El trabajo concreto es la actividad intencional que transforma un material de manera específica; el trabajo abstracto es la función de mediación basada en la supuesta conmensurabilidad de todas las actividades laborales propias del modo capitalista de producción. La explotación y la dominación son cualidades extrínsecas de las formas no capitalistas de trabajo, mientras que en el trabajo determinado por la mercancía son esenciales. En el modo capitalista de producción, el trabajo abstracto es lo que sujeta o plantea restricción objetivas que son aparentemente no sociales.

Trabajo abstracto

El análisis del carácter históricamente específico del trabajo en el capitalismo se encuentra en el núcleo de la teoría crítica de Marx, que parte de un examen de y fundamenta la mercancía como forma social dual. El trabajo abstracto constituye la dimensión de valor de las mercancías como su sustancia social y común a todos. Las mercancías como valores de uso son materiales y como valor son objetos puramente sociales. Se trata de una categoría social históricamente determinada y no de una categoría fisiológica. La forma de valor asumida por el producto del trabajo es la forma más abstracta y general, del modo de producción burgués, quedando caracterizado como un tipo particular de producción social e histórica. Es un nuevo tipo de interdependencia que ha formado a la sociedad convirtiendo la fuerza de trabajo en mercancía, adquiriendo un carácter sistemático, socavando, incorporando y desbancando a las demás formas sociales. El trabajo se convierte en un modo de adquirir bienes en una sociedad determinada por la mercancía: el trabajo productor se abstrae de los productos que se adquieren con su trabajo. No existe relación intrínseca entre la naturaleza del trabajo gastado y la naturaleza del producto que se adquiere por ese trabajo. El trabajo mismo constituye una mediación social en lugar de las relaciones sociales abiertas. Cobra vida un nuevo tipo de interdependencia: nadie consumo lo que produce pero el producto del trabajo propio es el medio para la obtención de los productos de los demás. Así, al servir de medio, el producto del trabajo se adelanta a las relaciones sociales manifiestas. El trabajo determinado por la mercancía aparece mediado por un conjunto de estructuras que él mismo constituye. El tejido de la estructura social subyacente está constituido por el trabajo en el capitalismo. Las relaciones sociales del capitalismo existen sólo por medio del trabajo. Como el trabajo es una actividad que se objetiva a sí misma en productos, el trabajo productor de mercancías, en el proceso de objetivarse a sí mismo como trabajo concreto en valores de uso, también se objetiva a sí mismo como trabajo abstracto en relaciones sociales.

CLASE

Postone basa su discusión del concepto de clase en el ejemplo de lucha de clases de El Capital, la limitación del día laboral. Es el resultado legal de una lucha de clases que se basó en la constitución de los trabajadores como una fuerza colectiva y abrió el camino históricamente para la situación de la producción de plusvalía absoluta con la producción de plusvalía relativa y la subsunción formal con la real. Este reemplazo se repite continuamente y los conflictos recurrentes sobre el grado de explotación son aspectos intrínsecos de la vida cotidiana en la sociedad capitalista. El conflicto de clases es un elemento motor del desarrollo histórico del capitalismo, que incluye su totalización así como los momentos que facilitan su abolición.

La categoría de clase es relacional: una clase lo es sólo en relación con otras. Las clases no son entidades diferenciadas sino estructuraciones de la práctica social y de la conciencia organizadas de manera antagonista. La categoría de clase debe no estar sujeta a la reducción sociológica o reducida a la manera de la sociología convencional a clases específicas y positivas como estratos sociales. La clase pertenece a las relaciones sociales manifestadas, específicas y directas como las de parentesco o de dominación directa. La sociedad capitalista es estructurada con base en una interrelación social abstracta y otra concreta. Marx relaciona las ideas con un posicionamiento de clase. El dieciocho Brumario de Luís Bonaparte argumenta que la idea del partido pequeñoburgués presupone un mundo de productores y propietarios de mercancías libres y equitativas, un mundo en el que todos pertenecen a la pequeña burguesía. Pero no implica una realidad. El proletariado demanda la república social, y después de su derrota adopta la artesanía pequeñoburguesa. Los pequeños campesinos no eran una clase sino un estrato, porque su interconexión local y su modo de vida no son un elemento estructurador de la totalidad social. Si bien el análisis de clase sigue siendo básico para el proyecto crítico marxiano, el concepto de clase debe ser desarrollado detalladamente a partir de las categorías más básicas de mercancía y valor. Marx subestimó la originalidad de su propio método de análisis social y reprodujo concepciones liberales en La ideología alemana. La ideología liberal de navegar con los vientos infalibles del progreso productivo que adelanta a las clases ociosas está siendo perpetuada en las formas hegemónicas del marxismo tradicional o del punto de vista de la teoría del trabajo; lo que explica las prácticas e ideologías discriminatorias dentro del movimiento laboral, como es el antisemitismo socialista, cuando no es un movimiento proletario. El punto de vista del trabajo es un elemento de la ideología burguesa incompatible con la crítica de Marx de la economía política.

Podríamos plantear otra manera de conceptualizar el socialismo como sociedad en la que el trabajo, sin el estorbo de las relaciones capitalistas, estructure abiertamente la vida social y la riqueza que cree sea distribuida de manera más justa. La realización histórica del trabajo -su desarrollo y su emergencia como base de la vida social y la riqueza- es la condición fundamental de la emancipación social general. El proletariado -la clase obrera intrínsecamente relacionada con la producción industrial- encontrará su plena justificación como clase universal en el socialismo. La contradicción estructural del capitalismo es vista como una oposición de clase entre los capitalistas poseedores y controladores de la producción, y los proletarios que vendiendo sus capacidades crean la riqueza de la sociedad (y la de los capitalistas). Esta oposición de clase afirmada sobre la contradicción estructural del capitalismo posee una dimensión histórica: mientras que la clase capitalista es la clase dominante en el orden actual, la clase obrera está arraigada en la producción industrial y, por ello, en las bases históricas de un nuevo orden socialista. Es una oposición de clases entre explotados y explotadores y entre intereses universales y particulares. Bajo el capitalismo, la riqueza social general producida por los trabajadores no beneficia a todos los miembros de la sociedad, sino que los capitalistas se apropian de ella para sus fines particulares. Se trata de una crítica particularista desde una posición universalista: lo que es universal y auténticamente social queda constituido por el trabajo, pero las relaciones capitalistas particularistas entorpecen su completa realización. La clase obrera es intrínseca al capitalismo más que la encarnación de su negación. Los trabajos pueden adquirir cierto control sobre la propiedad efectiva de su mercancía únicamente mediante la acción colectiva. La introducción efectiva de una limitación legal a la jornada de trabajo es señal de que la clase trabajadora ha logrado cierto control sobre la venta de su mercancía. Se realiza la determinación de la clase trabajadora como propietaria real y colectiva de una mercancía, por cuestiones de naturaleza e intensidad del proceso laboral, la aplicación de maquinaria, las condiciones laborales y los beneficios sociales. Los conflictos afectan directamente a la proporción entre tiempo de trabajo necesario y excedente y, por ende, desempeñan un importante papel en la dialéctica entre el trabajo y el tiempo. Mas se encuentran mediados por una forma totalizante porque su relevancia no es únicamente local, ya que la producción y circulación del capital es tal que los conflictos en un sector o área geográfica afectan a otros sectores o áreas. Con la difusión, organización y crecientes mejoras de circulación del capital, el carácter totalizante de la mediación se va viendo cada vez más realizado, porque las condiciones locales de las relaciones entre capitalistas y trabajadores jamás pueden aislarse y fijarse completamente, por lo que cambian constantemente convirtiendo el conflicto en un rasgo permanente de la relación, e importante factor en la distribución y el fluir del capital que deviene crecientemente global y en la dinámica dialéctica de la forma capital. El conflicto de clases es impulsor del desarrollo capitalista, pero ni crea la totalidad ni da origen a su trayectoria. El antagonismo entre trabajadores y capitalistas se estructura haciendo intrínseca a sus relaciones el conflicto permanente, aunque la lucha entre productores y apropiadores no los constituya como clases. La estructura dialéctica de las relaciones sociales capitalistas tiene una relevancia central: totaliza y vuelve dinámica la relación de antagonismo entre los trabajadores y los capitalistas, constituyendo esta relación en un conflicto de clase entre el trabajo y el capital. Es un momento constituyente de la trayectoria dinámica del conjunto social. Las clases son categorías relacionadas de la sociedad moderna. Están estructuradas por determinados tipos de mediación social como momentos antagonistas de una totalidad dinámica. El conflicto de clases entre trabajadores y capitalistas es un momento permanente y totalizador de la sociedad capitalista. Constituye la totalidad social por la que está estructurado. Las clases implicadas son estructuraciones de la práctica social y de la conciencia que, en relación con la producción de plusvalor, están organizadas de manera antagonista, constituidas por las estructuras dialécticas de la sociedad capitalista e impulsan sus desarrollo o despliegue de su contracción básica. Distinguiendo diferentes niveles de realidad y análisis histórico, el conflicto de clases central es el de la trayectoria histórica de la formación social capitalista en su conjunto, aunque las luchas no constituyan la trayectoria del desarrollo histórico sino que han de ser entendidas en relación con dicha trayectoria. La concepción del marxismo analítico de Gerald A. Cohen de la dinámica intrínseca de la historia es tranhistórica e incapaz de fundamentarla en términos históricamente específicos y sociales o en términos de formas estructuradas e históricamente específicas de práctica social. Separa tanto los procesos de producción como de desarrollo tecnológico entendiéndolos como fenómenos técnicos de las relaciones sociales, y conceptualiza la historia de la humanidad en términos del desarrollo evolutivo de la primera. Luego trata de aprehender el desarrollo social mediante una explicación funcional, y su comprensión del materialismo histórico como proceso teleológico y lineal de crecimiento productivo no es capaz de aprehender la dimensión subjetiva de la vida ni de entender la práctica como socialmente constituyente, por estar ligada a una concepción hipostasiada de la historia que no permite fundamentar socialmente su visión de que la dinámica histórica direccional no puede explicarse únicamente en términos de la lucha de clases y otras formas inmediatas de acción social. Los actores sociales no son anteriores e independientes de su constitución social. Las relaciones sociales son tratadas como extrínsecas a dichos actores. Las respuestas unidimensionales a la postura de Cohen no satisfacen su desafío de explicar la dinámica y trayectoria direccional de la historia capitalista. La oposición entre las posturas de Cohen y Jon Elster resume la clásica antinomia entre estructura y acción, entre necesidad objetiva externa y la libertad. Juntas expresan las características de la sociedad capitalista moderna. Ambos enfoques carecen de una noción de estructuras históricamente especificadas de las relaciones sociales como formas estructuradas de práctica que son alienadas y cuasi-independientes, están intrínsecamente ligadas a determinadas visiones del mundo, y constituyen y están constituidas por la acción social. Ergo ninguna de estas posturas ilumina la especificidad histórica de las relaciones sociales capitalistas, del capitalismo como un modo de vida. Las determinaciones de la clase no son determinaciones simplemente posicionales sino determinaciones de la objetividad y la subjetividad social, mediante el interés. El conflicto de clase es un elemento impulsor del desarrollo histórico del capitalismo debido únicamente al carácter intrínsecamente dinámico de las relaciones sociales que constituyen esta sociedad. La intención lógica de la presentación de Marx no apoya la idea de que la lucha entre los capitalistas y los trabajadores sea una lucha entre la clase dominante de la sociedad capitalista y la clase portadora del socialismo. La lucha de clases implica la constitución, el mantenimiento y la mejora de la posición y situación de los trabajadores como miembros de la clase obrera. Sus luchas han sido una poderosa fuerza en la democratización y humanización del capitalismo, y han desempeñado un importante papel en la transición al capitalismo organizado. Pero el análisis de Marx de la trayectoria del proceso capitalista de producción no apunta hacia la posibilidad de la afirmación futura del proletariado y del trabajo que éste realiza; apunta hacia la posibilidad de la abolición de ese trabajo, y contraviene implícitamente la noción de que la relación entre la clase capitalista y la clase obrera sea paralela a la relación entre el capitalismo y el socialismo, de que la posible transición al socialismo sea efectiva con la victoria del proletariado en la lucha de clases, y de que el socialismo implique la realización del proletariado. Aunque el antagonismo entre la clase capitalista y la clase obrera juegue un importante papel en la dinámica del desarrollo capitalista, no es idéntica a la contradicción estructural fundamental de la formación social. Las consecuencias políticas vienen denunciadas al cuestionar la forma política del capital que es la democratización o completa sumisión a la lógica sin sujeto del dinero. Las masas alcanzaron ese estadio cerrado globalmente después de la II Guerra Mundial y la esfera política fue obligada a alterar sus modos de agregación. La movilización politicista de las masas empezó a convertirse en disfuncional en las sociedades mercantiles más avanzadas. Las masas habían alcanzado ya plenamente la fase de ganadoras de dinero y ya no necesitaban ser estimuladas ideológicamente para ello. Así, después que el sistema fetichista moderno completara casi por completo su historia de ascenso tras la II Guerra Mundial y se volviera idéntico a sí mismo, el propio furor ideológico tuvo que desaparecer y por la fuerza de las cosas paralizarse el énfasis politicista. El movimiento de 1968 fue la última conmoción superficial del impulso democratizante y politicista. La lógica profunda del sistema hacía mucho tiempo que apuntaba a la desideologización y a la despolitización. El propio sistema partidario siguió esa transformación; los partidos perdieron el aspecto ideológico recién adquirido y se convirtieron en los llamados partidos populares o conglomerados de intereses y clientelas pautados por la forma de la mercancía, en los cuales los sedimentos de los antiguos estamentos, de las clases sociales y de las ideologías de la difunta fase ascendente del sistema son visibles ahora sólo dentro de contornos difuminados. Así llegó la moda apolítica del consentimiento mudo, ciego y sin reservas a los criterios ahora maduros del fetichismo de la modernidad.

TIEMPO

Diferente a la temporalidad medida por los acontecimientos, la implicación de la temporalidad como medida de la actividad es un tipo de tiempo uniforme. Por ejemplo, el sistema de las campanas de trabajo se desarrolló en un contexto de producción a gran escala para la exportación y basada en el trabajo asalariado. Es el surgimiento histórico de una relación de facto entre los niveles de salarios y el resultado del trabajo medido temporalmente e implicando la noción de la productividad y la de resultado del trabajo por unidad de tiempo. Con el surgimiento de tempranas clases de relaciones sociales capitalistas en las comunidades urbanas productoras de textiles en la Europa occidental, emergió un tipo de tiempo que fue la medida de y una norma apremiante para la actividad; y divisible en unidades constantes significantes socialmente por estar dentro de una red social constituida por la emergente forma mercancía. Este emergencia del tiempo estuvo relacionada con el desarrollo de la forma mercancía de las relaciones sociales. También arraigó en el ámbito de la circulación de mercancías. Por la importante cuestión de la duración del trabajo en la producción y por factores como la duración de un viaje comercial o la fluctuación de los precios en curso de una transacción comercial, la organización de redes comerciales en el Mediterráneo y la región dominada por la Liga Hanseática tomaron el tiempo como medida y modo de dominación en su forma abstracta asociada a la nueva estructura de las relaciones sociales. Las torres-reloj erigidas frente a los campanarios de las iglesias proclaman el nuevo tiempo ligado a un nuevo orden social dominado política, social y culturalmente por la hegemonía burguesa alejada de la Iglesia. Es la tiranía del tiempo en la sociedad capitalista. La categoría de tiempo de trabajo socialmente necesario, en virtud de un proceso de mediación social general, determina la cantidad de tiempo que los productores deben invertir si aspiran a recibir el valor completo de su tiempo de trabajo. Como resultado de una mediación social general, el gasto de tiempo de trabajo se transforma en una norma temporal que permanece sobre y determina la acción individual. Justo cuando el trabajo se transforma de acción de los individuos en principio alienado general de la totalidad en la cual los individuos están subsumidos, el gasto de tiempo se transforma de un resultado de la actividad a una medida normativa para la actividad. La actividad individual se trata de una variable independiente. Este proceso por el cual lo concreto se convierte en abstracto es real e intrínseco al proceso de constitución social alienado efectuado por el trabajo: la variable dependiente de la actividad humana se convierte en variable independiente que gobierna esa actividad. La alienación temporal implica una transformación de la naturaleza del tiempo, constituyéndose como absoluto y abstracto. La cantidad de tiempo que determina la magnitud del valor de una única mercancía es una variable dependiente. El tiempo mismo se vuelve independiente de la actividad, medida en unidades convencionales, constantes, continuas, conmensurables e intercambiables, sirviendo como medida absoluta del movimiento y del trabajo en tanto que gasto, y determinados por un tiempo abstracto, absoluto y homogéneo. La emergencia del capitalismo superpone el tiempo abstracto sobre el concreto. Edward Palmer Thompson describe la dominación de una notación del tiempo vinculada a las tareas en las sociedades preindustriales de tiempo medido por el trabajo y su sustitución por el cronometraje del trabajo ligado al desarrollo del capitalismo industrial de trabajo medido por el tiempo. El tiempo constituido en la sociedad capitalista es abstracto y concreto, y su dialéctica no puede ser entendida en términos de sustitución del concreto por el abstracto. La concepción de una lógica inmanente del desarrollo histórico es crítica, y específica a la sociedad capitalista. Marx trata dicha lógica como una característica de la sociedad capitalista que ha sido proyectada sobre toda la historia de la humanidad, e intenta reflexivamente hacer plausibles las categorías y modalidades de pensamiento social e histórico: la teoría es tratada como parte de la realidad social. El supuesto de la producción basada en el valor es el cuanto o magnitud de tiempo inmediato de trabajo empleado como factor decisivo en la producción de riqueza. En la medida en que la gran industria se desarrolla, la creación de la riqueza efectiva se vuelve menos dependiente del tiempo y del cuanto de trabajo empleados, que del poder de los agentes puestos en movimiento sin relación con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología. La riqueza efectiva se manifiesta en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, así como en la desproporción cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y el poderío del proceso de producción vigilado por aquel. La superación del capitalismo implica la abolición del valor como forma social de la riqueza, y se vincula con la superación del modo de producción específico desarrollado bajo el capitalismo. La abolición del valor significaría que el tiempo de trabajo ya no serviría más como medida de la riqueza, y que la producción de riqueza ya no sería ejecutada principalmente por el trabajo humano inmediato en el proceso de producción: tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja de ser su medida y el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso. La producción fundada en el valor crea enormes posibilidades de riqueza, pero únicamente pone todo el tiempo de un individuo como tiempo de trabajo y consiguientemente lo degrada a mero trabajador. El tiempo histórico es constituido como una clase de tiempo concreto. La unidad temporal abstracta conserva su forma constante como tiempo presente, y el fluir histórico existe detrás del marco del tiempo abstracto pero no dentro. El contenido histórico de la unidad temporal abstracta permanece tan oculto como lo está el contenido social de la mercancía, mas la dimensión histórica de la unidad temporal abstracta no representa un momento no capitalista, ni constituye el punto de vista de una crítica que apunte a un más allá de esta formación social.

Georg Lukács equipara el capitalismo con las relaciones burguesas estáticas y sitúa la totalidad dinámica o dialéctica histórica como el punto de vista de la crítica al capitalismo. Contrariamente, la misma existencia de un fluir histórico continuo o automático se encuentra intrínsecamente relacionada con la determinación social del tiempo abstracto. Ambas clases de tiempo son expresiones de relaciones alienadas. La estructura de las relaciones sociales características del capitalismo adopta la forma de una oposición cuasi-natural entre una dimensión universal abstracta y una naturaleza cosificada. El momento temporal de esa estructura también adopta la forma de una oposición aparentemente no social y no histórica entre una dimensión formal abstracta y una relativa a los procesos concretos. Estas oposiciones permanecen completamente dentro del marco de las relaciones capitalistas. El tiempo histórico en el capitalismo implica un proceso único de transformación social permanente y está relacionado con los cambios permanentes en el nivel histórico de la productividad, en función del desarrollo de la dimensión de valor de uso del trabajo en el contexto de una totalidad social determinada por la mercancía. Los cambios en este tiempo concreto de producción que suceden con los desarrollos de la productividad son cambios que reflejan el movimiento histórico del tiempo. Este movimiento es generado por un proceso de constitución social relacionado con una acumulación permanente, alienada, de conocimiento y experiencia técnica, organizativa y científica. En el marco del análisis de Marx se pueden medir algunas consecuencias de esta acumulación de los desarrollos sociales, intelectuales y culturales que fundamentan el movimiento del tiempo en términos de los cambios en la cantidad de bienes producidos por unidad de tiempo o en términos de los cambios en la cantidad de tiempo necesario para producir un producto en particular. No se pueden medir los propios desarrollos históricos ni se los puede cuantificar como variables dependientes de una temporalidad abstracta o en términos de valor, aunque las exigencias de la forma social del valor moldeen la forma concreta de producción en la que se objetiva la acumulación de conocimiento, experiencia y trabajo. El movimiento de la historia puede expresarse indirectamente por el tiempo como variable dependiente. La dinámica histórica de la sociedad capitalista no resulta lineal sino contradictoria. Apunta más allá de sí misma pero no se autosupera. Marx analiza el valor como categoría social estructurante sobre la base de las distinciones entre valor y riqueza material, trabajo abstracto y concreto, e implícitamente tiempo abstracto y concreto, y la producción en el capitalismo como un proceso social contradictorio constituido por la dialéctica entre las dos dimensiones de la forma mercancía. La interacción de estas dos dimensiones es tal que el valor resulta continuamente reconstituido como un determinante esencial de la formación social. Este proceso, que supone la conservación del valor y del modo de dominación social abstracto asociado a él, resulta estructuralmente intrínseco a las formas sociales básicas del capitalismo aprehendidas por las categorías fundamentales de Marx, a pesar del desarrollo de la dimensión del valor de uso. El desarrollo es a la vez dinámico y estático. Supone niveles cada vez más altos de productividad, pese a que el marco del valor es perpetuamente reconstituido de nuevo. Una consecuencia de esta dialéctica es que la realidad socio-histórica se constituye cada vez más en dos niveles muy diferentes: el capitalismo supone una permanente transformación de la vida social -de la naturaleza, estructura e interrelaciones entre las clases sociales y otros grupos, así como de la naturaleza de la producción, transporte, circulación, formas de vida, tipos de familia-, y el despliegue del capital implica la permanente reconstitución de su propia condición fundamental como rasgo inalterable de la vida social -la mediación social se efectúa, en última instancia, por el trabajo. Los momentos de la transformación continua del mundo y la reconstitución del marco determinado por el valor se hallan mutuamente condicionados e intrínsecamente relacionados o enraizados en las relaciones sociales alienadas constitutivas del capitalismo y juntos definen a esta sociedad. Existe de hecho un tipo de lógica o necesidad histórica pero que es inmanente sólo a la formación social capitalista, y no a la historia humana como conjunto. La teoría social crítica de madurez de Marx no hipostasia la historia como un tipo de fuerza que mueve a todas las sociedades humanas, ni presupone que exista una dinámica direccional de la historia en general, sino que trata de explicar la existencia del tipo de dinámica direccional permanente que define a la sociedad moderna, y lo hace en términos de formas sociales históricamente determinadas constituidas por el trabajo en un proceso de alienación. Toda teoría que proponga una lógica inmanente a la historia dialéctica o evolucionista sin fundamentar esta lógica en un proceso determinado de constitución social proyecta como historia de la humanidad cualidades específicas del capitalismo. Esta proyección oscurece la verdadera base social de una dinámica direccional de la historia, ya que el proceso histórico queda transformado de objeto de análisis social en presuposición cuasi-metafísica.

CAPITAL

El capital es específico del capitalismo, porque en la sociedad capitalista la producción de capital es predominante y gobierna todos los demás tipos de producción. El capital es una relación social que aparece en forma de cosa. Tiene que ver con el hecho de hacer dinero, y las relaciones de propiedad privada que engendran el proceso de hacerlo se reproducen continuamente. Es el conjunto de los medios de producción monopolizados por una determinada parte de la sociedad, los productos y condiciones de ejercicio de la fuerza de trabajo sustantivados frente a la fuerza de trabajo vivo, y a la que este antagonismo personifica como capital. Es una determinada forma social de una de los factores de un proceso social de producción históricamente fabricado.

No toda suma de dinero es capital. El dinero se transforma en capital cuando circula para vender mercancías con objeto de adquirir otras diferentes, y comprar mercancías con objeto de vender a continuación, que sólo tiene sentido si la suma de dinero al final es mayor que la suma del comienzo, porque intercambiando equivalentes queda el problema de cómo puede hacerse dinero: con la mercancía fuerza de trabajo, que se compra y se vende por un salario, si los obreros dispuestos a introducirse en el mercado de trabajo están separados de los medios de producción, y las mercancías producidas pueden venderse por un valor mayor que el valor total de los insumos. El capital es un proceso de la expansión del valor definido como la valorización del valor; valor en movimiento autovalorable en todas las formas del capital. El capital-dinero y el capital-mercancía pertenecen a la esfera de la circulación, el capital productivo a la de la producción, y el capital que asume estas formas diversas en diferentes etapas del circuito se llama capital industrial, que abarca las ramas de producción gobernadas por las relaciones capitalistas, y es la única forma de existencia del capital en que es función de éste también su creación, condicionando el carácter capitalista de la producción; existe en la contradicción de clase entre capitalistas y obreros asalariados. El capital aparece en competencia y determina la participación en los beneficios de cada capital en la plusvalía total producida. En esta forma de beneficio, el capital aparece como productor de riqueza, independiente del trabajo. La plusvalía es producida por el capital, el capital es un proceso que toma continuamente las formas antitéticas de dinero y mercancías y es una relación social adscrita a las cosas. Sólo el análisis del capital en general permite el análisis del carácter de clase de la sociedad burguesa; únicamente después del análisis de cómo el trabajo excedente de la clase obrera es apropiado como valor por el capital, se puede determinar cómo y por qué las apariencias de competencia generan la ilusión de que ése no es el caso. Las materias primas son completamente consumidas perdiendo la forma con que entraron en el proceso de trabajo, y resultando un valor de uso nuevo, el producto. El valor será de uso o no será, ya que, si se pierde su valor de uso, se pierde su valor. Los valores de uso de los medios de producción, al ser consumidos, transfieren su valor al producto: el valor de los medios de producción se conserva en el producto. El capital constante es el la parte del capital adelantado que se convierte en medios de producción y no experimentan ninguna alteración cuantitativa de valor en el proceso de producción. Cualquier acto de trabajo es también el gasto de fuerza humana de trabajo en abstracto, de trabajo en general, o trabajo abstracto, añadiendo valor nuevo a los medios de producción. La conservación del valor de los materiales de trabajo y la adición a este valor de un valor nuevo es el resultado de su transferencia a los medios de producción. El capital variable es la parte del capital adelantado que se convierte en fuerza de trabajo y que reproduce el equivalente de su propio valor y produce un valor adicional a su propio equivalente, una plusvalía que varía según las circunstancias. Los elementos del capital son distinguidos con respecto al proceso de trabajo, según sea factores objetivos (medios de producción) o factores subjetivos (fuerza de trabajo), y con respecto al proceso de valorización, según sea capital constante o variable. La economía política burguesa ha venido aferrándose instintivamente a la confusión de Adam Smith entre las categorías de capital constante y variable y las de “capital fijo y circulante” -que Marx criticó duramente porque sólo convienen al capital productivo e ignoran al capital-mercancía y al capital-dinero. Estos economistas ya no distinguen la parte del capital invertida en salarios de la invertida en materias primas y sólo establecen una diferencia formal -según que circule fragmentaria o íntegramente por medio del producto- entre ella y el capital constante; arruinando la basa de que hay que partir para comprender el movimiento real de la producción capitalista, presentándose las cosas como si sólo se tratase de la reaparición de valores previamente desembolsados. Este es uno de los ejemplo más importantes del fetichismo, por medio del cual el carácter social asignado a las cosas por el proceso de producción social se transforma en carácter natural poseído por la naturaleza material de tales cosas. Marx concibe el capital y su división en componentes constantes y variables, crucial para desempeñar esta inversión real, proporcionando la basa analítica de su discusión en torno a la producción de la plusvalía, de la porción de plusvalía que se reinvierte o capitaliza y de las leyes del movimiento de la producción capitalista. El capital es una relación social coercitiva, dominante en la sociedad capitalista, ligada a la mercancía o dinero, y bajo la forma de dinero comprende el trabajo excedente no pagado que se ha acumulado en el pasado y que es apropiado por la clase capitalista en el presente.

MERCANCÍA

Todas las sociedades tienen que producir las condiciones materiales para su propia existencia. La mercancía es el producto mediado por el intercambio. Los productos son propiedad de agentes particulares con el poder de disponer de ellos, entregándoselos a otros agentes, enfrentados en un proceso de negociación para el intercambio, donde una cantidad definida de un producto cambio su lugar por el de otra cantidad definida de otro producto. La mercancía puede satisfacer necesidades (valor de uso) y tiene la capacidad de equivaler a otras mercancías en el intercambio (valor). Toda mercancía tiene una cierta cantidad de valor por intercambiarse entre sí en proporciones cuantitativas definidas. Una masa homogénea de valor es el total de las mercancías producidas en un período de tiempo, aun diferentes e incomparables. Como valores, las mercancías son iguales cualitativamente y sólo difieren cuantitativamente en la cantidad de valor que poseen. Como valores de uso, son cualitativamente distintas porque cada producto es específico y no puede compararse con otro. La teoría del valor-trabajo analiza esta masa de valor como la forma que asume la totalidad del trabajo social utilizado en un sistema productor de mercancías. El trabajo que produce las mercancías puede considerarse de forma concreta como trabajo de un tipo determinado que produce un valor de uso determinado, de de forma abstracta y fuente general de valor como trabajo abstracto. El valor de cambio se hace visible cuando las mercancías se enfrentan entre sí en el intercambio y el valor de cambio pasa a tener una existencia independiente de cualquier mercancía determinada como dinero. La mercancía es la unión dialéctica del valor de uso y el valor. El análisis de la forma de la mercancía es la base de la teoría del trabajo abstracto y de la teoría del dinero.

La teoría de la mercancía establece las categorías fundamentales dentro de las cuales puede describirse y analizarse el capital. El capital es el valor que se expande mediante el proceso de producción e intercambio. Un capitalista inicia la producción con una cierta cantidad de dinero que usa para comprar fuerza de trabajo y medios de producción; el producto resultante lo vende por más dinero del que adelantó previamente, y el exceso es la plusvalía. El capital es una forma que depende de la existencia de un sistema de producción de mercancías y del surgimiento de la forma monetaria de valor. Los conceptos básicos que se emplean para describir y estudiar el capital, mercancía, dinero, compra, venta y valor se basan en el análisis de la forma mercantil de producción. El trabajo empleado en la producción de mercancías es trabajo social. El producto es consumido tras el intercambio. Los productores de mercancías dependen de otros productores de los medios medios necesarios de producción y subsistencia. El trabajo en la producción de mercancías es considerado por los productores como su propio trabajo privado, empleado, independientemente de la totalidad de la sociedad, para satisfacer sus necesidades y deseos privados a través del intercambio en el mercado. Las complejas relaciones reales que tiene un productor de mercancías con otros seres humanos, por medio de la división social del trabajo, fomentada por la producción de mercancías, quedan reducidas a las fuerzas impersonales e incontrolables del mercado. Los productores, cuyo mundo es creado en realidad por otra gente, se ven a sí mismo como algo que existe en un mundo de cosas, las mercancías. La forma mercantil de producción hace del trabajo privado trabajo social, al intercambiarse los productos, y fragmento el trabajo social en trabajo privado. Marx llama fetichismo de la mercancía al proceso por el cual los productos de trabajo humano aparecen como una realidad independiente e incontrolada, separados de sus creadores. La misión histórica del socialismo es trascender las contradicciones de la producción capitalista y las de la forma mercantil en que descansa. El concepto de mercancía analiza formas que surgen sobre la base de una producción y un intercambio de mercancías bien desarrollados, pero que en sí mismas no son mercancías en el sentido de productos producidos para un sistema de intercambio. La fuerza de trabajo se vende y aparece en el mercado como una mercancía, a pesar de que la fuerza de trabajo no se produce como una mercancía ni tampoco surge su valor directamente del trabajo empleado en producirla. En economías con mercados financieros muy desarrollados, el capital se convierte en mercancía porque tiene un precio de intercambio en el mercado.

FETICHISMO DE LA MERCANCÍA

En la sociedad capitalista, los objetos materiales tienen ciertas características que les son conferidas en virtud de las relaciones sociales predominantes, pareciendo que les son naturales. Esto es el fetichismo de la mercancía depositaria o portadora de valor: las personas dotan de poder imaginario a una entidad que, en el capitalismo, es real, pero social. Constituyen poderes reales no controlados sobre los que se ejerce dominio; son formas de apariencia objetivas de las relaciones económicas que definen el capitalismo, y tomadas por naturales porque su esencial social no es inmediatamente visible y sólo se manifiesta en el análisis teórico. Marx une indisolublemente su doctrina del fetichismo y su teoría del valor, y pone de relieve la forma que adopta el trabajo empleado en la sociedad burguesa. Sólo con la producción y el intercambio de mercancías en el capitalismo, el trabajo se expresa como propiedad objetiva de sus propios productos, como su valor. En economías comunitarias y explotadoras, el trabajo se reconoce como proceso social, regulándose y coordinándose abiertamente como tal, sea por autoridad o por convenio. Contrariamente, en el capitalismo los productores individuales de mercancías trabajan independientemente unos de otros y la coordinación surge de forma impersonal, operando dentro de una elaborada división del trabajo. Su relación social es entre sus productos de compra-venta; y el carácter social del trabajo únicamente se manifiesta de forma indirecta en los valores de esas mercancías conmensurables por ser materializaciones del trabajo, y portadoras de una característica social históricamente específica. La ilusión del fetichismo se deriva de la función de la característica social y de sus formas materiales; el valor parece natural e inherente a las mercancías. Por extensión de este fetichismo elemental en el papel dinero, el oro se convierte en la encarnación misma del valor, pura concentración aparente de un poder social. En el fetichismo del capital las relaciones económicas específicas que confieren a los medios de producción la condición de capital quedan ocultas. Su poder es la expresión de la capacidad del capital de generar interés, incluso sin la asistencia del trabajo productivo. En las propiedades conferidas a los objetos del proceso económico, los auténticos poderes que someten a la dominación del proceso de las relaciones capitalistas están enmascarados. Esto da lugar a ilusiones respecto al origen natural de esos poderes. Sin embargo, la máscara en sí no es una ilusión. Las apariencias que confunden y deforman la percepción espontánea del orden capitalista son reales; son formas sociales objetivas, determinadas por las relaciones subyacentes y que, simultáneamente, las ocultan. Así es como el capitalismo se presenta a sí mismo: disfrazado. La realidad del trabajo social está oculta tras los valores de las mercancías, y los salarios ocultan la explotación, porque equivalentes sólo al valor de la fuerza de trabajo, parecen ser un equivalente para el mayor valor que crea la fuerza de trabajo en acción. Lo que realmente es social se muestra como natural; una relación de explotación parece justa. Es función de la teoría descubrir el contenido esencial oculto en cada forma manifiesta. La producción de mercancías constituye una relación social entre productores, una relación que convierte en equivalente entre sí, como valores, los distintos tipos, destrezas y cantidades de trabajo. Esta relación se presenta a los productores como una relación social entre objetos, existente al margen de los productores -sastre, abrigo; carpintero, mesa-. No es falsa esta apariencia de relaciones entre mercancías como una relación entre cosas, pero esconde la relación entre los productores: las relaciones sociales entre los trabajos privados se les ponen de manifiesto como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre las cosas. El fetichismo de la mercancía es el ejemplo más sencillo y universal del modo en que las formas económicas del capitalismo esconden las relaciones sociales subyacentes, siempre que se considera el capital, en lugar de la plusvalía, como la fuente de beneficios.

VALOR

El valor de una mercancía expresa la forma histórica concreta que adopta el carácter social del trabajo en el capitalismo, como el consumo de fuerza de trabajo social. El valor es una relación social que asume una forma natural en el capitalismo y aparece como una propiedad de esa forma. La generalización de la forma de mercancía del trabajo es plenamente específica del capitalismo, y el valor como concepto de análisis es igualmente específico en el mismo grado. El valor tiene una existencia real, siendo la relación del valor la forma concreta que adoptan las relaciones sociales capitalistas: la mercancía, la forma social más simple en la que se manifiesta el producto del trabajo. En su forma natural, es una cosa de valor de uso, y es portador de valor de cambio: forma aparente e independiente de manifestación del valor contenido en la mercancía. Una mercancía es producida con el propósito o valor de intercambio. Las mercancías son valores de uso y valores de intercambio, pero los valores de intercambio son siempre contingentes con respecto al tiempo, el lugar y las circunstancias, y una mercancía tiene tantos valores de intercambio diferentes como mercancías distintas con que se intercambia; convirtiendo en iguales a todas las mercancías que se intercambian entre sí. El valor de intercambio es la forma de manifestación de algo que puede distinguirse de ella. En el proceso de intercambio se expresa algo homogéneo, y la única propiedad común que tienen todas las mercancías es que son productos del trabajo. De esta forma, el proceso de intercambio convierte en homogéneos todos los tipos diferentes de trabajo que producen mercancías: trabajo abstracto, donde el valor se define como su materialización, y la forma de manifestación del valor es el valor de intercambio de una mercancía. Es un valor de uso y un valor. Desde la perspectiva económica burguesa del positivismo o empirismo, la propiedad común buscada por Marx debe hallarse en la psicología o motivos para la oferta y la demanda, pero no toma en consideración la posición de Marx dentro de una tradición filosófica del todo diferente; Marx no aporta prueba alguna de la existencia del valor, presentando cierta propiedad abstracta y arbitraria de todas las mercancías heterogéneas que existen. Contrariamente, analiza las relaciones burguesas -el intercambio de una mercancía por otra-, ya que las categorías de economía política son un reflejo necesario de las relaciones concretas de producción y el contenido de las relaciones burguesas se desarrolla y revela mediante un examen crítico de estas categorías y formas: un análisis formal, no dialéctico, pasará siempre por alto análisis del valor efectuado por Marx porque no tendrá ninguna vinculación intrínseca con las relaciones concretas implicadas. Marx señaló a Ludwig Kugelmann que incluso si en su libro no hubiera ningún capítulo acerca del valor, el análisis de las condiciones reales contendría la prueba y la demostración de relaciones reales de valor. Define el valor como la materialización del trabajo abstracto, medido por el cálculo del trabajo abstracto en unidades de tiempo socialmente necesarias. Cuando se reduce el tiempo de trabajo, disminuye el valor de la mercancía. Así, el valor de una de ellas varia directamente con la cantidad de trabajo abstracto objetivado en ella e, inversamente, con la productividad del trabajo concreto que produce. El valor de intercambio es la forma necesaria de manifestación del valor. Isaak Illich Rubin comenta que no se puede olvidar que, en torno a la relación entre contenido y forma, Marx adoptó la perspectiva de Hegel y no la de Kant, que consideraba la forma como algo externo en relación con el contenido y como algo que se adhiere al contenido desde fuera. Para Hegel, el contenido no es en sí mismo algo a lo que la forma se adhiere desde fuera. Más bien, mediante su desarrollo, el contenido mismo da origen a la forma que se encuentra ya latente en él. La forma se deriva necesariamente del propio contenido. El valor no es algo externo a la naturaleza de la mercancía -como criticó Marx a Adam Smith y a David Ricardo. La forma del valor del producto del trabajo es el producto de las relaciones capitalistas de producción, y no la forma eterna y natural de producción social que tantos equívocos ha ocasionado. El valor y su magnitud son independientes de las relaciones específicas de producción, y el análisis se vuelve formal y no tanto dialéctico. El valor se expresa en forma de intercambio, como sumas de dinero. La teoría de Marx sobre el valor es su teoría del dinero. En cuanto mercancías, los productos del trabajo tienen forma natural y de valor-manifestada cuando una mercancía se intercambia por otra. El valor refleja la división del trabajo de productores independientes de mercancías en el acto de intercambio: el valor tiene una realidad puramente social. Es la forma simple, aislada o accidental de valor -cuya potencialidad desarrollada constituye el núcleo de la teoría de Marx sobre las crisis económicas: en sus formas relativa y equivalente- identificada en las tres peculiaridades de la forma equivalente. Primero, el valor de uso se convierte en la forma de manifestación del valor, materializando el trabajo abstracto. Segundo, el trabajo concreto se convierte en la forma de manifestación del trabajo abstracto: el trabajo concreto, a pesar de ser el trabajo privado, es inmediatamente idéntico a otros tipos de trabajo. Tercero, el trabajo privado adopta la forma de trabajo directamente social. El valor de uso se manifiesta como valor; el trabajo concreto aparece como abstracto; y el trabajo privado se considera como social. Mientras una mercancía sea valor de uso y valor, sólo aparece en este doble papel cuando su valor posee una forma de manifestación independiente y distinta de su forma de valor de uso: el valor de intercambio. La naturaleza del valor conduce a su expresión independiente en cuanto valor de intercambio y, dentro de la relación de intercambio, la forma natural de mercancía A como valor de uso, mientras se intercambie por la mercancía B que exprese el valor de A y, por tanto, B sólo cuente como la forma de valor. De esta manera se exterioriza la oposición interna entre valor de uso y valor dentro de la mercancía. Marx convierte la forma simple de valor en la forma total o desarrollada de valor, señalando que la mercancía A no sólo se intercambia con la mercancía B, sino también con todas las mercancías C, D, E, etc.; la mercancía adopta por indiferencia una forma equivalente. La mercancía A guarda relación social con el mundo entero de mercancías; cualquier otra mercancía aparece como objeto físico que posee valor, formas concretas de realización del trabajo. No es el intercambio de mercancías lo que regula la magnitud del valor, sino que más bien esta última determina la proporción en que se intercambian. Sin embargo, la serie de representaciones del valor de la mercancía A carece efectivamente de límites, siendo asimismo diferente de la forma relativa de valor de cualquier otra mercancía, y todos los trabajos concretos se manifiestan como trabajo abstracto sin la apariencia única ni unificada del trabajo. Si la mercancía A expresa su valor en otras innumerables mercancías, todas ellas expresan su valor en la mercancía A. Una sola mercancía se sitúa aparte para representar los valores de todas ellas, diferenciando a cada una de su propio valor de uso y de todos los demás valores de uso, expresando así lo que es común a todas. Esta mercancía es la equivalente universal, y su forma natural es la que asumen en común los valores de todas las mercancías, la representación visible de todo trabajo: la expresión social del mundo de mercancías. La mercancía concreta cuya forma natural sirve de forma de valor de todas las demás se convierte en la mercancía monetaria, en la forma monetaria del valor, y esto completa la separación de la expresión del valor de una mercancía respecto de ella misma. El valor de una mercancía sólo se expresa como valor de intercambio: dinero. El valor sólo se manifiesta es en cuanto mercancía monetaria y su medida cuantitativa. Marx escribió a Friedrich Engels que de la contracción entre el carácter general del valor y su existencia material en una mercancía concreta, etc., surge la categoría dinero. Será necesario corregir la forma idealista de presentación que hace que parezca que se trata de una simple cuestión de determinaciones conceptuales y de dialéctica de estos conceptos. El producto o actividad se convierte en mercancía; mercancía, valor de intercambio; valor de intercambio, dinero. Las categorías económicas son reflejo de la actividad, y Marx establece un paralelismo entre sus derivaciones lógicas y la derivación histórica de las mismas categorías. Subraya que el desarrollo histórico de la forma de mercancía del producto del trabajo coincide con el desarrollo de la forma de valor y compara siempre los resultados de su análisis lógico con los del desarrollo histórico. Existe una diferencia importante entre la labor de investigación y su presentación. La investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigadora, a analizar sus diversas formas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después, se puede proceder a exponer adecuadamente el movimiento real. Y si se consigue reflejar idealmente en la exposición la vida de la materia, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar ante una construcción a priori. Y no se trata de una construcción a priori de determinaciones conceptuales ni de las dialécticas de estos conceptos. La abstracción que considera la forma de mercancía como la forma de valor es real, puesto que el proceso de intercambio es el proceso real por el que se miden los productos del trabajo en el capitalismo: no puede haber una determinación a priori del valor, porque el proceso de intercambio es el único que confiere carácter social a la producción, establece los vínculos entre los productores independientes de mercancías, y asegura que el valor realizado en intercambio es la forma de manifestación de ese trabajo, sólo de un trabajo que es socialmente necesario para la producción de la mercancía en cuestión. El valor de una mercancía sólo puede expresarse después de su producción, en el valor de uso de otra mercancía que en el capitalismo desarrollado es dinero, el equivalente universal de valor. La ley del valor es la determinación de la magnitud del valor por el tiempo de trabajo socialmente necesario, desde la perspectiva de la supremacía del dinero y de las relaciones monetarias, desarrollando la categoría de capital y de su acumulación y estudiando, en definitiva, los fenómenos que parecen contradecir en la superficie del capitalismo la ley del valor. En la supremacía del dinero y de las relaciones monetarias se encuentra la base para explorar cómo se invierten en el capitalismo las relaciones sociales de producción y cómo esta inversión se refleja en la conciencia.